Imagina una reunión crítica de lunes por la mañana. Como líder, estás presentando las nuevas y exigentes metas del trimestre. Mientras hablas, Laura, una de tus colaboradoras clave, permanece en absoluto silencio, con los brazos cruzados y la mirada fija sobre la mesa.
Bajo una óptica tradicional, podrías pensar:
“Laura está desconectada, es apática y está resistiéndose al cambio”.
Sin embargo, la mirada sistémica nos invita a detenernos antes de convertir esa primera interpretación en una verdad.
¿Qué está comunicando Laura con su silencio? ¿Qué ocurrió antes de la reunión? ¿Cómo influyen la carga de trabajo, el estilo de liderazgo y las relaciones del equipo en su respuesta?
Es imposible no comunicar
Paul Watzlawick, uno de los autores que influyeron en el pensamiento sistémico, propuso que es imposible no comunicar.
Esto significa que el silencio, la postura corporal, la mirada y la distancia también transmiten mensajes. Laura no está simplemente “dejando de participar”. Podría estar comunicando tensión, desacuerdo, cansancio, temor o la sensación de no ser escuchada.
El problema es que el líder no recibe solamente la conducta: también le asigna un significado.
- Lo que observa: Laura permanece en silencio.
- Lo que interpreta: Laura no está comprometida.
La interpretación podría ser correcta, pero también podría ser incompleta. Un líder sistémico aprende a tratarla como una hipótesis y no como un diagnóstico definitivo.
En lugar de acusar, podría preguntar:
“Noté que durante la conversación sobre las nuevas metas permaneciste en silencio. ¿Cómo estás viendo la carga y los objetivos que presentamos?”
Una pregunta así puede revelar información que habría permanecido oculta detrás de una etiqueta.
Cada persona cuenta una historia diferente
Otro planteamiento importante es la puntuación de la secuencia de hechos. En una interacción, cada persona organiza la historia desde un punto distinto.
El líder podría pensar:
“Intento motivar al equipo, pero Laura se desconecta”.
Laura podría pensar:
“La carga de trabajo ya es excesiva y el líder continúa presionando sin escuchar, así que prefiero protegerme guardando silencio”.
Ambas personas sienten que están reaccionando ante la conducta de la otra. Esto puede producir un círculo:
- El líder observa silencio y aumenta la presión.
- Laura percibe más presión y participa menos.
- El líder interpreta esa respuesta como falta de compromiso.
- La relación se deteriora y ambos confirman su primera interpretación.
La pregunta sistémica ya no es solamente “¿quién comenzó?”, sino:
“¿Cómo estamos contribuyendo, quizá sin intención, a mantener esta dinámica?”
De las causas lineales a los patrones circulares
Espacio Promocional
Aprende a mirar más allá del conflicto individual
En el Club de Habilidades Psicológicas para Líderes, Coaches y RH exploramos herramientas para comprender la comunicación, las relaciones y los patrones que influyen en el bienestar y los resultados de los equipos.
- Analiza conflictos sin reducirlos a la búsqueda de culpables.
- Desarrolla una comunicación más consciente, ética y estratégica.
- Encuentra nuevas formas de intervenir en equipos y organizaciones.
Sesiones en línea para líderes, coaches, consultores y profesionales de Recursos Humanos.
En muchas organizaciones predomina una explicación lineal: A causa B. Si algo falla, buscamos rápidamente a la persona responsable.
La perspectiva sistémica no elimina la responsabilidad individual, pero amplía el análisis. Un equipo no está compuesto por personas aisladas: también incluye relaciones, normas, jerarquías, cargas de trabajo, procesos, incentivos e historias compartidas.
Por eso cambia el tipo de preguntas que hacemos:
| Mirada lineal | Mirada sistémica |
|---|---|
| “¿Quién cometió el error?” | “¿Qué condiciones facilitaron este error?” |
| “¿Por qué esta persona se resiste?” | “¿Qué función cumple esta resistencia?” |
| “¿Cómo corregimos al colaborador?” | “¿Qué patrón necesitamos modificar?” |
Comprender el sistema no significa justificar cualquier conducta. Existen comportamientos que requieren límites y responsabilidades claras. La diferencia está en reconocer que cambiar a una persona sin revisar la dinámica que rodea el problema puede producir resultados temporales.
Cuando una persona se convierte en “el problema”
En algunos equipos aparece un “paciente identificado”: una persona sobre la que se deposita todo el malestar del sistema.
Puede ser quien se queja constantemente, quien presenta agotamiento, quien cuestiona las decisiones o quien entra en conflicto con la autoridad. Poco a poco, el equipo construye una explicación sencilla: “Si esa persona cambiara o se fuera, todo funcionaría mejor”.
Pero antes de llegar a esa conclusión conviene observar:
- ¿Otras personas han presentado dificultades similares en ese puesto?
- ¿Las prioridades y responsabilidades están claras?
- ¿Existe una carga de trabajo sostenible?
- ¿Se escucha a quien señala los problemas?
- ¿Los incentivos generan competencia entre departamentos?
- ¿Qué respuestas del liderazgo refuerzan la dinámica?
En ocasiones, la persona que expresa el malestar no es la causa de todo el problema, sino quien hace visible una tensión que ya existía.
El contenido y la relación
Watzlawick también señaló que toda comunicación tiene un nivel de contenido y otro de relación.
El contenido es lo que decimos. La relación se comunica mediante el tono, la postura y la forma en que tratamos a la otra persona.
No es lo mismo decir:
“Necesito que revises este informe”.
que decir:
“Otra vez tengo que pedirte que revises bien las cosas”.
La solicitud puede ser parecida, pero el segundo mensaje también transmite desconfianza o descalificación.
Un líder puede comunicar instrucciones técnicamente correctas y deteriorar la relación al mismo tiempo. Cuando esto se repite, las personas pueden comenzar a ocultar errores, evitar preguntas o participar únicamente cuando sienten que su respuesta será aceptada.
Por eso la seguridad psicológica no se construye solamente diciendo que existe confianza. Se construye a partir de lo que realmente sucede cuando alguien expresa una duda, reconoce un error o cuestiona una decisión.
La resistencia al cambio también tiene una función
Todo sistema tiende a conservar cierto equilibrio. En la perspectiva sistémica, esta tendencia se conoce como homeostasis.
Cuando una organización intenta cambiar, es natural que aparezcan respuestas destinadas a conservar la forma conocida de trabajar. Esto no siempre representa pereza o boicot. Puede expresar miedo, incertidumbre, pérdida de control o experiencias anteriores en las que el cambio produjo consecuencias negativas.
Comprender esta función permite hacer preguntas diferentes:
- ¿Qué teme perder el equipo con este cambio?
- ¿Qué forma conocida de trabajar está intentando conservar?
- ¿Qué mensajes contradictorios está enviando el liderazgo?
- ¿Qué tendría que ocurrir para que la nueva dinámica se sintiera segura?
La resistencia deja de ser solamente un obstáculo y comienza a convertirse en información sobre el sistema.
Liderar observando relaciones
El liderazgo sistémico no consiste en convertirse en terapeuta de los colaboradores ni en tratar a la empresa como si fuera una familia.
Consiste en ampliar la mirada.
Antes de intervenir, el líder puede detenerse y preguntarse:
- ¿Estoy describiendo una conducta o juzgando a una persona?
- ¿Qué ocurrió antes y después del problema?
- ¿Quiénes participan en esta dinámica?
- ¿Qué respuesta mía podría estar reforzándola?
- ¿Qué pequeño cambio permitiría obtener una respuesta diferente?
Estas preguntas no ofrecen soluciones automáticas. Su valor está en ayudarnos a descubrir aquello que una explicación individual puede dejar fuera.
Liderar sistémicamente significa dejar de observar a las personas como piezas aisladas y comenzar a comprender el ecosistema de relaciones en el que trabajan.
No puedes obligar a una planta a crecer tirando de sus hojas. Pero puedes observar el suelo, ajustar el agua, mejorar la luz y transformar las condiciones que permiten que todo el jardín se desarrolle.
Quizá la próxima vez que alguien permanezca en silencio durante una reunión, la pregunta más útil no sea:
“¿Qué le pasa a esta persona?”
Sino:
“¿Qué está ocurriendo entre nosotros para que el silencio se haya convertido en su forma de responder?”
