Beneficios y desafíos del uso de la inteligencia artificial en la vida cotidiana

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Introducción
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en parte integral de la vida cotidiana a nivel mundial, transformando rápidamente la forma en que trabajamos, aprendemos, jugamos y nos comunicamos. Si bien la IA tiene el potencial de resolver problemas complejos y mejorar la eficiencia en múltiples ámbitos, también ha suscitado preocupaciones serias sobre sus impactos sociales y éticos. Desde asistentes virtuales en el hogar hasta sistemas de recomendación en redes sociales, la IA influye a personas de todas las edades y regiones.
No obstante, la adopción y los efectos de estas tecnologías no son uniformes en todo el mundo (en 2024 más del 95% de la población de países de renta alta estaba conectada a internet, frente a solo 26% en países de renta baja). Esta brecha digital global condiciona quiénes pueden aprovechar (o sufrir) los efectos de la IA en su vida diaria (UNICEF, 2024). Ante este panorama, resulta vital analizar de forma crítica y equilibrada los beneficios y desafíos que la IA representa para distintos grupos etarios. A continuación, se examina el impacto de la IA en la niñez, la adolescencia y la adultez, considerando tanto las oportunidades que ofrece como los riesgos que conlleva, apoyándonos en perspectivas teóricas y hallazgos recientes.
Niños
En la infancia, la IA se incorpora cada vez más en juguetes inteligentes, aplicaciones educativas y asistentes de voz presentes en hogares de todo el mundo. Entre los beneficios destacados, la IA puede personalizar la educación y las experiencias de aprendizaje según las necesidades individuales de cada niño, adaptando contenidos y ritmo para potenciar sus habilidades (Munzer, 2023). Estudios señalan que esta tecnología puede ser una “herramienta valiosa para el aprendizaje” al enriquecer la enseñanza en diferentes etapas del desarrollo infantil.
Asimismo, la IA tiene el potencial de fomentar la creatividad infantil: por ejemplo, los niños pueden emplear herramientas de IA generativa para crear dibujos, música o historias, expandiendo sus formas de expresión (Munzer, 2023). De igual modo, aplicaciones lúdicas basadas en IA logran motivar y mantener involucrados a los niños, ofreciéndoles experiencias interactivas y personalizadas que pueden mejorar su compromiso con el aprendizaje. Estos beneficios sugieren que, usada adecuadamente, la IA podría abrir nuevas puertas educativas y de entretenimiento para la niñez, contribuyendo a su desarrollo cognitivo y social.
Por otro lado, numerosos expertos advierten que la IA conlleva riesgos significativos para los niños si no se gestionan adecuadamente. Una de las preocupaciones centrales es la vulnerabilidad de los menores ante la desinformación y los sesgos: dado que los sistemas de IA aprenden de enormes conjuntos de datos en línea, pueden reflejar y amplificar prejuicios, estereotipos o contenido falso. Esto significa que un niño expuesto a respuestas o contenidos generados por IA podría interiorizar información sesgada o inadecuada sin la guía crítica de un adulto.
Otro riesgo latente es la erosión de la privacidad: las plataformas y dispositivos de IA suelen recopilar grandes volúmenes de datos personales, muchas veces sin que la familia lo note. Se han documentado casos de juguetes “inteligentes” que grababan conversaciones de niños y padres, transmitiendo esos datos a terceros sin consentimiento (Munzer, 2023). Asimismo, en estudios con niños pequeños (3 a 6 años) se halló que muchos confunden a los asistentes de voz con seres animados, atribuyéndoles pensamientos y sentimientos humanos. Esta falta de discernimiento puede llevar a que los niños depositen una confianza excesiva en la IA, llegando incluso a considerar más confiables las respuestas de un altavoz inteligente que las de una persona real en preguntas de hechos objetivos (Parga-Belinkie, 2023).
Además, los chatbots y sistemas de IA no están diseñados pensando en los niños, lo que puede exponerlos a contenido inapropiado: por ejemplo, un chatbot podría responder con información violenta, sexual o engañosa si un niño lo usa sin supervisión (Parga-Belinkie, 2023). En resumen, junto con las ventajas educativas y recreativas, la IA plantea desafíos críticos en la niñez en torno a la protección de la privacidad, la calidad y veracidad de los contenidos, y la forma en que los niños perciben e interactúan con estas tecnologías. Estas reflexiones resaltan la necesidad de vigilancia adulta, alfabetización digital desde edades tempranas y marcos regulatorios que salvaguarden el bienestar infantil en la era de la IA (UNICEF, 2021).
Adolescentes
En la adolescencia, etapa caracterizada por una mayor autonomía en el mundo digital, el uso de IA se vuelve más sofisticado y extendido. Muchos adolescentes emplean sistemas de IA a diario para diversos fines (desde asistirse en tareas escolares, por ejemplo usando herramientas como ChatGPT para obtener ideas o corregir redacción, hasta crear contenido audiovisual para redes sociales mediante IA generativa). De hecho, se reporta que los jóvenes son entusiastas usuarios de estas tecnologías emergentes (uno de cada cuatro adolescentes ya utiliza IA generativa regularmente para estudiar o expresarse creativamente, aunque a menudo sin que sus padres siquiera lo sepan).
Entre los beneficios potenciales para este grupo etario, la IA puede facilitar el aprendizaje y la productividad académica: plataformas inteligentes pueden ofrecer tutorías personalizadas, resumir textos complejos o proveer ejercicios adaptados, ayudando a los estudiantes a comprender materias difíciles a su propio ritmo. También se han explorado aplicaciones de IA en el ámbito de la salud mental adolescente, como chatbots que brindan orientación emocional o técnicas de relajación inmediata. Algunos estudios señalan que más del 60% de los adolescentes que probaron herramientas de apoyo emocional basadas en IA las consideran útiles como primera línea de ayuda (iComportamiento, 2025). Estas plataformas, disponibles 24/7, ofrecen accesibilidad y anonimato, lo que puede ser ventajoso para jóvenes que dudan en buscar ayuda profesional inicialmente (González, 2025).
No obstante, los desafíos y riesgos del uso de IA en adolescentes han sido objeto de creciente atención. La credulidad digital es una de las preocupaciones destacadas: la Asociación Estadounidense de Psicología advierte que los adolescentes son menos propensos que los adultos a cuestionar la precisión y la intención de la información proporcionada por un bot de IA en comparación con la de un ser humano. Esta menor capacidad de discernimiento crítico implica que los jóvenes podrían tomar por ciertas las respuestas de una IA sin detectar posibles sesgos, errores o manipulaciones. Ligado a esto, existe el riesgo de que los adolescentes desarrollen vínculos emocionales inapropiados con agentes de IA. Se han documentado casos de jóvenes que establecieron relaciones virtuales poco saludables e incluso peligrosas con chatbots, al punto de preferir la compañía de estas entidades artificiales sobre las interacciones humanas reales (Prinstein, 2025).
Dichos lazos pueden interferir con el desarrollo de relaciones sociales sanas, aislando al adolescente en una burbuja digital que reemplaza conexiones auténticas. Otro frente de riesgo es el de la seguridad y la exposición a daños en línea. La IA generativa facilita la creación de contenidos hiperrealistas, lo que abre la puerta a nuevos modos de acoso y fraude dirigidos a menores (por ejemplo, la aparición de “deepfakes” o imágenes falsificadas de adolescentes, como montajes de desnudos, utilizados para humillar o extorsionar, así como la clonación de voces para engañar a jóvenes). Estas prácticas de sextorsión y manipulación digital, antes difíciles de implementar, hoy son viables gracias a herramientas de IA cada vez más accesibles. Por último, en el ámbito académico, el uso irrestricto de IA plantea dilemas éticos y educativos: si bien puede ayudar a realizar tareas, su abuso podría derivar en plagio o dependencia excesiva, mermando la capacidad del estudiante para pensar críticamente y resolver problemas por sí mismo (Dierssen, 2024).
Adultos
En la edad adulta, la IA permea numerosos aspectos de la vida cotidiana, ofreciendo tanto oportunidades de mejora en la calidad de vida como nuevos retos. En el mundo laboral, la IA ha permitido automatizar tareas repetitivas y optimizar procesos, liberando a las personas de labores mecánicas para que puedan enfocarse en actividades de mayor valor creativo o estratégico (Equipo de Expertos, 2024). Esta automatización inteligente puede traducirse en entornos de trabajo más eficientes y productivos, reduciendo errores humanos y agilizando la toma de decisiones con base en análisis de datos masivos (Equipo de Expertos, 2024). En la vida doméstica y personal, la IA también se manifiesta en asistentes virtuales (como Alexa, Siri o Google Assistant) que ayudan con recordatorios, agendas y controles del hogar inteligente. Para las personas adultas mayores, en particular, se han desarrollado aplicaciones de IA orientadas a mejorar su autonomía y bienestar (desde robots de compañía que ofrecen conversación hasta sistemas de monitoreo de salud que detectan caídas o signos vitales y alertan automáticamente a familiares o servicios médicos) (Quanam, 2023).
Pese a estas ventajas, el uso generalizado de la IA en la adultez plantea importantes desafíos. Uno de los mayores retos es la privacidad y seguridad de los datos personales. Autores como Shoshana Zuboff (2019) advierten que estamos entrando en un “capitalismo de vigilancia”, en el cual los datos comportamentales de las personas se explotan como recurso comercial, amenazando la privacidad y la autonomía individual (Zuboff, 2019). Ligado a ello, existe el problema de la desinformación: la IA puede generar contenido falso (como noticias manipuladas, videos trucados o reseñas automatizadas), dificultando distinguir la información veraz de la engañosa. Otro desafío crítico es la dependencia tecnológica. Como señala la neurobióloga Mara Dierssen, al recurrir demasiado a la IA para actividades como redactar textos o resolver problemas, “nuestras habilidades cognitivas corren el riesgo de verse comprometidas”, ya que dejamos de ejercitar la memoria y el pensamiento crítico de forma independiente (Dierssen, 2024). A nivel socioeconómico, la IA también conlleva el riesgo de desplazamiento laboral: la automatización puede hacer obsoletos ciertos empleos tradicionales, generando incertidumbre para muchos trabajadores adultos (Equipo de Expertos, 2024). Finalmente, está el aspecto de la ética: los algoritmos no poseen juicio moral ni entendimiento del contexto humano, lo que puede resultar en decisiones injustas o discriminatorias si no se los supervisa adecuadamente.
Conclusión
La inteligencia artificial se presenta como una fuerza transformadora de doble carácter: ofrece beneficios significativos en educación, salud, comunicación y productividad, pero al mismo tiempo acarrea riesgos que no deben ser ignorados. Desde la infancia hasta la adultez, cada grupo etario experimenta oportunidades únicas (como el aprendizaje personalizado para los niños, el apoyo creativo y emocional para los adolescentes, o la comodidad para los adultos) al mismo tiempo que enfrenta amenazas adaptadas a sus vulnerabilidades. En perspectiva global, queda claro que el impacto de la IA no es uniforme: factores como la región geográfica, el nivel socioeconómico y el grado de alfabetización digital median en cómo se viven estos efectos. Por ello, más que un enfoque tecnoutópico o alarmista, se requiere una postura crítica y reflexiva informada por la evidencia. Como señala Mara Dierssen, es esencial “aprovechar los beneficios de la IA y mantener el ejercicio y la agudeza mental” (Dierssen, 2024). Lograr este equilibrio implicará esfuerzos coordinados: educar a niños, jóvenes y adultos en un uso ético y consciente de la tecnología, diseñar sistemas de IA centrados en el ser humano (imparciales, transparentes y respetuosos de la privacidad) y actualizar políticas públicas a la altura de los rápidos avances tecnológicos.
Bibliografía
Dierssen, M. (2024). Impacto de la inteligencia artificial en las capacidades cognitivas humanas. Conferencia Neurociencia y Sociedad, Barcelona.
Equipo de Expertos en Inteligencia Artificial. (2024). La inteligencia artificial y el futuro del trabajo. Universidad Internacional de Valencia (VIU).
González, P. (2025). Chatbots y bienestar adolescente: oportunidades y riesgos. Revista Iberoamericana de Psicología, 18(1), 55–70.
Munzer, T. (2023). Artificial intelligence and childhood: Opportunities and risks. Journal of Child Development and Technology, 12(2), 201–220.
Parga-Belinkie, J. (2023). Smart speakers and children’s trust: Risks of anthropomorphizing AI. Pediatrics, 151(4), e2022059462. https://doi.org/10.1542/peds.2022-059462
Quanam. (2023). Inteligencia artificial y calidad de vida en adultos mayores. Observatorio de Tecnología e Innovación, Montevideo.
UNICEF. (2021). Políticas de protección de datos para la infancia en la era digital. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
UNICEF. (2024). Estado de la conectividad digital infantil. Reporte global sobre niñez e IA.
Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs.
Dr. Domingo Borba

