La ansiedad es una de las principales causas de ausentismo, presentismo y rotación laboral. Sin embargo, en la mayoría de los casos no es una incapacidad permanente, sino una condición manejada de forma inadecuada por las organizaciones.
Despedir a una persona con ansiedad suele ser:
- Costoso (rotación, curva de aprendizaje, clima laboral).
- Éticamente cuestionable.
- Estratégicamente innecesario.
La evidencia y la práctica organizacional muestran que con ajustes adecuados, acompañamiento y liderazgo consciente, muchas personas con ansiedad pueden desempeñarse de forma efectiva y sostenible.
Esta guía te explica qué hacer, cómo hacerlo y qué evitar.

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1. Entender la ansiedad desde el trabajo (no desde el estigma)
Lo que la ansiedad no es
- No es flojera.
- No es falta de compromiso.
- No es debilidad de carácter.
- No siempre implica incapacidad laboral.
Lo que la ansiedad sí suele ser en el trabajo
- Una respuesta de sobrecarga (exceso de demandas, ambigüedad, presión constante).
- Un problema de diseño del trabajo, no solo individual.
- Un síntoma de entornos con bajo control, poca claridad o alta exigencia emocional.
Clave para RH: No preguntes “¿qué le pasa a la persona?”, pregunta también 👉 “¿qué del trabajo puede estar detonando o manteniendo esta ansiedad?”
2. Señales tempranas que RH y líderes deben aprender a detectar
Intervenir a tiempo evita crisis mayores.
Señales frecuentes:
- Evitación de reuniones, llamadas o tareas específicas.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones simples.
- Errores inusuales o lentitud marcada.
- Irritabilidad, hipervigilancia, llanto ocasional.
- Ausencias repetidas de corta duración.
- Quejas somáticas frecuentes (dolor de cabeza, estómago, tensión muscular).
Error común: Esperar a que la persona “reviente” o pida incapacidad.
3. Qué hacer cuando un colaborador presenta ansiedad
Paso 1. Conversación humana, no disciplinaria
La primera intervención no es un acta administrativa.
Cómo iniciar:
- Espacio privado y sin prisas.
- Lenguaje descriptivo, no acusatorio.
Ejemplo: “He notado que últimamente te cuesta más participar en reuniones y que te ves más tenso/a. No es un tema de sanción; queremos entender cómo apoyarte.”
Evita frases como:
- “Aquí todos estamos estresados”.
- “Tienes que aprender a manejarlo”.
- “Si no puedes con el puesto, hay otros”.
Paso 2. Evaluación funcional (no clínica)
RH no diagnostica, pero sí puede evaluar impacto funcional.
Preguntas clave:
- ¿Qué tareas son las más difíciles ahora?
- ¿Qué situaciones disparan más ansiedad?
- ¿Qué cosas del trabajo ayudan a que te sientas mejor?
- ¿Qué ajustes temporales podrían ayudar?
El foco no es la enfermedad, sino: 👉 qué tareas, ritmos o dinámicas requieren ajuste.
4. Ajustes laborales que realmente funcionan (y no cuestan tanto)
Ajustes de carga y ritmo
- Priorizar tareas críticas.
- Reducir multitarea.
- Fechas de entrega claras y realistas.
- Dividir proyectos grandes en hitos pequeños.
Ajustes de tiempo
- Horarios de entrada flexibles.
- Pausas programadas.
- Jornadas reducidas temporales (retorno gradual).
Ajustes de entorno
- Espacios con menos ruido/interrupciones.
- Trabajo híbrido o remoto parcial (cuando sea posible).
- Reducción temporal de exposición social intensa (presentaciones, clientes).
Ajustes de rol (temporales)
- Cambio provisional de tareas altamente detonantes.
- Reasignación parcial mientras se recupera estabilidad.
Importante: Los ajustes no son “privilegios”, son herramientas de sostenibilidad laboral.
5. El retorno gradual: La clave que muchas empresas ignoran
Si la persona tuvo incapacidad o ausencia prolongada:
Qué NO hacer
- “Regresar al 100% desde el día uno”.
- Compensar el tiempo ausente con sobrecarga.
- Evaluar desempeño inmediatamente.
Qué SÍ hacer
- Plan escalonado de semanas:
- Semana 1–2: Menos horas / tareas simples.
- Semana 3–4: Tareas centrales con apoyo.
- Semana 5+: Carga completa progresiva.
- Reuniones breves de seguimiento.
- Ajustes flexibles si hay recaídas.
El objetivo no es velocidad, es permanencia.
6. El rol crítico de jefes y líderes directos
Muchos programas fallan no por RH, sino por liderazgo.
Un líder que apoya:
- Da instrucciones claras.
- Prioriza, no satura.
- Da feedback sin humillar.
- No usa el miedo como motivador.
- Permite pedir ayuda sin castigo.
Un jefe que empeora la ansiedad:
- Micromaneja.
- Cambia prioridades constantemente.
- Presiona con amenazas veladas.
- Minimiza emociones.
- Expone públicamente errores.
Recomendación práctica: Capacita a líderes al menos en…
- Conversaciones difíciles.
- Feedback psicológico seguro.
- Manejo básico de crisis de ansiedad.
7. Qué debe ofrecer RH como sistema (no solo buena intención)
1) Políticas claras
- Ajustes razonables documentados.
- Protocolos de retorno al trabajo.
- No discriminación por salud mental.
2) Acceso a apoyo profesional
- Convenios con psicólogos/psiquiatras.
- Programas de asistencia al empleado (EAP).
- Difusión clara de estos recursos.
3) Confidencialidad real
- RH maneja información funcional, no diagnósticos.
- Se comparte solo lo necesario con liderazgo.
8. Qué NO hacer (errores comunes y dañinos)
- Forzar renuncias “por su bien”.
- Usar la ansiedad como argumento de bajo desempeño sin ajustes previos.
- Amenazar con despido para “motivarlos”.
- Exigir certificados médicos innecesarios.
- Etiquetar a la persona como “problemática”.
Esto incrementa el riesgo legal, humano y organizacional.
9. Beneficios reales para la empresa
Apoyar a personas con ansiedad no es solo humano, es estratégico:
- Menor rotación.
- Mejor clima laboral.
- Mayor compromiso.
- Reputación como empresa responsable.
- Cumplimiento normativo (salud psicosocial).
- Menos costos por incapacidades prolongadas.
Estimad@s RH y Empresas:
La pregunta clave no es: “¿Puede esta persona trabajar con ansiedad?”
Sino: “¿Puede nuestra empresa adaptarse lo suficiente para que las personas trabajen de forma sana y sostenible?”
En la mayoría de los casos, la respuesta es sí. Y cuando una empresa aprende a apoyar sin excluir, no solo conserva talento: construye dignidad, confianza y futuro.
