¿Qué pasa durante un divorcio? Parte 1
El proceso de divorcio supone tres grandes fases (Everett y Volgy, 1991, como se cita en Navarro, 2000):
- A. Desacoplamiento Estructural. Definido como una ruptura gradual de vínculos mutuos, lo que implica la pérdida y adquisición de nuevos roles (tanto parentales como de pareja), la pérdida de lealtades mutuas y con respecto del sistema.
- B. Acoplamiento de la Red. Al mismo tiempo que sucede el desacoplamiento estructural, se va produciendo un acoplamiento en virtud del cual se renuevan vínculos antiguos tanto con la familia extensa como con la red.
- C. Reacoplamiento Estructural. Supone la redefinición y el realineamiento de la pareja para definir los problemas de custodia y acceso a la parentalidad (tanto de los padres como de la red familiar extensa). Eventualmente el nuevo sistema debe afrontar el reto de la admisión de las nuevas parejas y de sus familias extensas.
Estas tres fases se despliegan a lo largo de catorce etapas (Everett y Volgy, 1991, como se cita en Navarro, 2000, pp. 176-191):
1) Aumento de la Ambivalencia
Todas las relaciones contienen elementos de ambivalencia, sin embargo, cuando ésta se convierte en un elemento prevalente pasa a ser una señal de alarma que debe alertar del inicio del deterioro.
La ambivalencia implica dudas sobre la relación; agresividad no verbalizada; fantasías de romances, de abandono de la relación o de una desaparición súbita de la pareja o de su muerte. Todas estas fantasías coexisten con fluctuaciones en la que se alternan momentos de insatisfacción y de comprobación de los límites, con períodos de aprensión y de un compromiso renovado.
¿Qué pasa con los Hijos?
Suele ser en este momento cuando los hijos se percatan de que los problemas entre los padres son serios. La inestabilidad y tensión de la relación les produce un miedo intenso, al que responden de varias formas, dejándoles solos para que puedan ventilar sus diferencias; o volviéndose sumamente dependientes; o implicándose en sus problemas; o desarrollando ellos mismos un problema como maniobra de diversión.

2) Distanciamiento
La ambivalencia se manifiesta a través del distanciamiento emocional entre los esposos que, a veces, también lo es con respecto de los hijos, e incluso de las familias de origen. Gradualmente el distanciamiento lleva a una falta de disponibilidad afectiva y física, sin que ello disminuya la agresividad y el resentimiento mutuo; en ocasiones el resentimiento se actúa mediante una relación extramarital.
¿Qué pasa con los Hijos?
Los hijos suelen notar, de forma inconsciente, el distanciamiento del padre más ambivalente, sintiéndose confusos por los mensajes ambiguos que se cruzan los padres. Tienen miedo a preguntar lo que está ocurriendo. Si les preguntan si van a divorciarse, los padres suelen negarlo enfáticamente.

3) Fantasías y Acciones Pre-Separación
El metaproceso de reconstrucción de la red comienza en esta fase de forma sutil y a través de las fantasías de ambos cónyuges de reconstituir su vida y cubrir sus necesidades con otras parejas, mediante la vuelta a sus familias de origen, o viviendo una vida más libre de obligaciones conyugales o parentales al quedar, de nuevo, solteros.
Típicamente uno de los cónyuges avanza más que el otro en estas fantasías, creando nuevos desequilibrios en la relación. En la medida en que las fantasías se convierten en conductas y actitudes, se ven en la penosísima obligación de tener que comunicárselo al otro cónyuge, a los hijos y a las familias de origen.
En algunos casos tal comunicación se pospone por años. Es necesario que la pareja discuta algunos puntos importantes cuando ha decidido la separación, tales como las razones para divorciarse y cómo llegaron a ese punto; hasta qué punto ambos cónyugues quieren divorciarse; las acciones individuales o colectivas que haya(n) emprendido; entre otros.
Para los hijos, sin embargo, es importante informarles, tomando en cuenta que la ruptura de la familia es un problema serio para la mayoría de los hijos.

Hoja Informativa para Padres que se van a Divorciar
Los siguientes puntos corresponden a la “Hoja Informativa para Padres que se van a Divorciar” (Caplan, 1993, como se cita en Navarro, 2000) y ofrecen un significado a los padres sobre lo que es el divorcio y sus probables consecuencias:
- Los hijos necesitan una relación estable y positiva con ambos padres, relación que promueva un desarrollo psicológico y social sano.
- Los padres deberán hacer un esfuerzo muy especial para crear las condiciones apropiadas que reduzcan el estrés y el sufrimiento de sus hijos y también darles apoyo el psicosocial necesario que les ayude a manejar adecuadamente las inevitables privaciones que les causará la ruptura familiar.
- Inmediatamente después de tomar la decisión de divorciarse, y de haber decidido sobre la custodia y sobre el régimen de visitas, deberán reunirse con sus hijos y juntos informarles sobre las decisiones que han tomado. Enfatizarán que se les seguirá amando aunque los padres hayan dejado de quererse, que cada padre desea que los hijos sigan manteniendo buenas relaciones con el otro, y que cada uno ayudará a los hijos a superar los inevitables problemas que les causará la separación y el vivir en casas separadas.
- Los padres deben permitir a sus hijos expresar de forma libre y abierta su posible oposición al divorcio y sus sentimientos negativos al respecto; su tristeza y dolor, su rabia, su inseguridad. Los padres deberán ayudar a sus hijos a afrontar los meses turbulentos que siguen a la separación.
- Los padres deberán conseguir acuerdos en su divorcio que protejan los intereses de sus hijos.
Según algunos autores (Pittman, 1987, como se cita en Navarro, 2000), “la mayoría (tres cuartas partes) de las parejas se arrepienten del divorcio durante el primer año de separación. Sin embargo, a los dos años sólo la cuarta parte sigue arrepentida; no existe un divorcio total para las parejas con hijos; la mayoría de los hijos de padres divorciados vuelven a la normalidad transcurrido un año; la experiencia del divorcio es terrible y deben estar preparados para lo peor. No obstante son miles las parejas que se separan todos los años y sobreviven.” (p. 180).

Bibliografía: Navarro Góngora, J. y Pereira Miragaia, J. (2000). Parejas en Situaciones Especiales. Ediciones Paidós Ibérica, S.A.
